lunes, 10 de septiembre de 2012

LAGUNAS ESTEPARIAS DE LA HOYA DE BAZA
Un importante valor de nuestro rico patrimonio natural

Texto y Fotos de Agustín Orduña y José Ángel Rodríguez*





En la primavera del año 2010, adquirió cierta notoriedad, la formación de una importante lámina de agua, que ocupaba una extensión superior a las 10 hectáreas en las inmediaciones de la carretera local que une Baza y Benamaurel, en un punto intermedio entre el núcleo de población de El Baíco y el Río de Baza, en el paraje ilustrativamente conocido como La Laguna, en alusión a sus características naturales y pretérita presencia de agua en el lugar. Este fenómeno, llamó la atención particularmente por la presencia de una numerosa colonia de aves acuáticas que se habían establecido en el lugar, con especies limícolas como archibebes, andarríos, chorlitejos chicos, aunque la más abundantes eran las cigüeñuelas (Himantopus himantopus), pero entre todas destacó la excepcional presencia en el lugar de flamencos comunes (Phoenicopterus roseus) que en paso migratorio escogieron esta laguna salina para descansar.


Flamencos fotografiados en la primavera del año 2010 en el Humedal del Baíco

En un principio se pensaba que el agua se había acumulado de este modo por las excepcionales lluvias de ese año, particularmente en el invierno 2009/2010, que sin ser un año excepcional, fue muy lluvioso. Pero el seguimiento de su evolución tras una serie de trabajos de campo, puso de manifiesto un dato muy relevante como era el de que el aporte de sus aguas no estaba condicionado por el agua de lluvia, sino que el agua manaba de forma natural en todo este paraje a lo largo de todo el año, aunque en mayor medida durante el invierno-primavera, y el agua que aquí nacía de modo natural y que presentaba una moderada cantidad de sal, por lo que no era apta para el riego, estaba siendo extraída ilegalmente mediante sangradores para que no se formaran las lagunas que históricamente habían dado nombre al paraje. Pudiendo comprobarse en el seguimiento que se hizo del recorrido de estos sangradores o canales de evacuación de las aguas que nacían allí naturalmente, que este agua estaba siendo irregularmente vertidas, mediante unos zanjones de grandes dimensiones interconectados entre sí, que finalmente desembocaban al río de Baza, por las inmediaciones del paraje conocido como Cuevas del Rey, donde evacua un caudal estimado en torno a 1.000 litros/segundo.


Zanjón de drenaje a la altura de las Cuevas del Rey, en un punto próximo a su desagüe al Río de Baza y en el que es apreciable la cantidad de agua que lleva.

Vídeo sobre el reportaje emitido en el programa Tierras Altas de Canal Sur-2 TV sobre esta problemática el 9 de marzo de 2011 y que conserva plena actualidad:
PUEDE VISIONARSE EN EL SIGUIENTE ENLACE:
https://www.facebook.com/video/video.php?v=156090514448658&comments&ref=mf


Los trabajos de campo que en los meses posteriores se llevaron a cabo, pusieron de manifiesto como nos encontrábamos ante un humedal de más extensión e importancia de la que podíamos imaginarnos hasta la fecha y, lo que era más importante, el conjunto del humedal se mantenía vivo, con gran vitalidad y una enorme capacidad de carga y recuperación natural, sin que hubiera podido ser eliminado, pese a los numerosos intentos de desecación que se han venido produciendo sobre el mismo y su entorno en los últimos 30-50 años, aunque sí habían eliminado de un modo definitivo algunas de sus históricas y tradicionales zonas.

En la información que entonces se pudo recopilar, con algunos testimonios de antiguos vecinos de la zona, que fueron muy valiosos para nosotros para poder reconstruir la reciente historia de este lugar, entre los que destacamos, por cuanto nos ha aportado y ayudado a su mejor conocimiento, el de Gregorio Martínez Moreno, pudimos llegar a conocer como toda la zona de este paraje, a principios del pasado siglo, era mayoritariamente inundable, contando con una lámina de agua más o menos permanente durante todo el año. Su extensión a principios del S. XIX podía estar en torno a las 200-500 has, o ser incluso notoriamente superior. Fue a principios de pasado siglo cuando se llevó a cabo el primer intento histórico, y del que se tenga conocimiento, de desecación de la zona, que se consideraba en aquel entonces un foco insalubre y sin valor agrícola alguno, para lo que se utilizó la ayuda de bueyes de tiro que vinieron desde el norte de España en tren, y con los que se abrieron las primeras zanjas de drenaje dejando reducido el humedal aproximadamente a la mitad de su originaria extensión, levantándose de forma artificial el nivel del suelo y llegando a construirse algunos cortijos dentro de lo que era la originaria zona lagunar, la que quedó muy mermada en su originaria configuración de forma que en el conjunto de la zona quedaron 3 lagunas, una que se emplazaba en la parte más superior del paraje (la zona más próxima al Baíco, en las inmediaciones del lugar por el que en la actualidad discurre el Canal de Jabalcón), que era la de mayor extensión y ocupaba unas 30 has. de zona de inundación y encharcamiento y que era conocida como la Laguna Grande, otra que se emplazaba en una cota ligeramente inferior, en dirección al Río de Baza, que tenía una extensión en torno a las 10 has. y que era conocida como la Laguna Chica y otra localizada en un plano más bajo con respecto a las dos anteriores, más próxima aún a la zona del Río de Baza y que se conocía como La Lagunilla, con unas 2 has de zona inundable y que era la de mayor estacionalidad.

Lo que pasó a ser conocido como Humedal del Baíco, coincidía con la localización que tuvo la llamada Laguna Chica, habiendo desaparecido de forma definitiva la Lagunilla, mientras que toda la zona de la Laguna Grande está actualmente llena de zanjas de drenaje o sangradores, por los que mana el agua de forma abundante a lo largo de todo el año lo que impide que se forme una lámina de agua en el lugar, habiendo quedado en la zona un criptohumedal(1) salino en el que denomina una vegetación halófila de un alto valor botánico, con muchos elementos endémicos.

Hemos continuado los trabajos de campo en otra laguna de nuestra zona. Damos un avance de sus resultados


Garza real comiéndose un Galápago leproso, con el caparazón incluido

Trabajos posteriores en otros enclaves de la Hoya de Baza, cuya localización por ahora no vamos a desvelar, y que nos han sido de particular utilidad al no estar evacuándose de los mismos de forma artificial el agua, como se está haciendo en todo el conjunto lagunar del llamado Humedal del Baíco, lo que nos ha permitido conocer su dinámica natural y evolución a lo largo del año, han puesto de manifiesto como la vitalidad de estos lugares es tal que incluso en años muy secos, como ha sido el invierno 2011 y el invierno-primavera de 2012, se han seguido formando lagunas salinas de forma natural, con acumulación de hasta 2,50 metros de altura en el agua en la etapa húmeda o de inundación.

En una de estas lagunas hemos llevado a cabo un intenso y riguroso trabajo de catalogación y documentación fotográfica de todas las especies de vertebrados presentes en este lugar. Para nuestra sorpresa, la vida que hemos podido catalogar en este lugar, hasta ahora en una lista que sigue abierta, era inimaginable hace poco tiempo e incluye a especies muy interesantes como el alcaraván común (Burhinus oedicnemus), la carraca europea (Coracias garrulus), el alcaudón real meridional (Lanius meridionalis), la ganga ortega (Pterocles orientalis), o el sisón (Tetrax tetrax), a éste último hemos podido fotografiarlo en un grupo de 6 ejemplares, incluyendo algunos juveniles fruto de los nacimientos del año que se desplazaban en busca de alimento por las inmediaciones de la laguna.  Como somera conclusión, indicar que nos hemos visto sorprendidos ante las singularidades, vida y vitalidad de estos lugares, que bien pueden merecer su urgente protección y puesta en valor.


Grupo de sisones desplazándose a la busca de alimento por las inmediaciones de la laguna objeto de nuestros estudios.

La extensión de la laguna que hemos estado estudiando en los últimos meses, tiene una extensión muy pequeña con respecto al llamado Humedal del Baíco, la Laguna Chica, de modo que si el llamado Humedal del Baíco, la Laguna Chica, tiene una extensión total aproximada de unas 10 has, unos 100.000 m2, la laguna que hemos estudiado nosotros es notoriamente más pequeña, con una extensión total de unos 5.000 m2, el equivalente a una vigésima parte del primero. No obstante se estima que las características naturales del suelo, la similitud en la salinidad que presenta sus aguas(2)y la dinámica natural de presencia-ausencia de agua en el lugar (su ciclo hidrogeológico) son extrapolables, también la fauna presente, aunque exponenciando los resultados obtenidos de esta pequeña laguna.

En la primavera-verano del pasado año 2010 tuvimos conocimiento de la presencia de esta laguna en la Hoya de Baza, gracias al testimonio del titular del coto cinegético en que se emplaza la misma, M.S.V., cuya identidad no vamos a facilitar por ahora, con los deseos ya indicados de que no se conozca la localización de esta laguna, ya que por su pequeño y reducido tamaño cualquier visita –y más si es en un número significativo- va a molestar de un modo muy especial a la fauna que allí se localiza en un espacio tan reducido, aunque sí queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento a esta persona y a los propietarios del terrenos, por las facilidades que nos dado para llevar a cabo nuestros trabajos de campo, y del compromiso que han adquirido de suprimir la caza en el entorno de esta laguna.

Los primeros trabajos en esta laguna se comenzaron a principios del verano del pasado año 2011, momento en que la lámina de agua que se acumulaba en la laguna estaba en retroceso, pudiendo comprobarse en una someras visitas al lugar la presencia de aves acuáticas como la polla de agua y el ánade real, los que nos dio la impresión de que habían nidificado en el entorno de la laguna y particularmente se constató la presencia de la garza real (Ardea cinerea), de la que se pudo documentar fotográficamente la depredación de esta especie sobre ejemplares adultos de galápago leproso(3),los que consumía el ave íntegramente, incluido su durísimo caparazón, una conducta de la que no se tenía referencia algunas en la literatura científica y que ha sido documentada por nosotros por primera vez en este lugar.

Pronto nos dimos cuenta de las potencialidades que tenía este lugar, para plasmar la fauna de aves que se darían cita al año siguiente, cuando volviera el agua a esta laguna y para ello nuestros primeros trabajos en el lugar tuvieron lugar en diciembre de 2011, consistentes en el acondicionamiento de una pequeña isleta artificial en su parte central y la colocación de pasaderos, con los que se intentaba favorecer la toma de imágenes de las aves que visitaran el lugar.


Trabajos de acondicionamiento en el interior de la laguna en la época seca para facilitar la fotografía de aves acuáticas

Como puede comprobarse en esta fotografía tomada en este lugar el 18 de diciembre de 2011, cuando se comenzaron nuestros trabajos de acondicionamiento del lugar, para poder fotografiar la aves que lo visitara durante la estación húmeda, la laguna estaba completamente seca, sin el mínimo vestigio de la presencia de agua. En los meses siguientes nuestras previsiones se vieron superadas, y el agua que aquí apareció en los primeros meses de año siguiente (2012) fue en tal volumen, que alcanzó una altura estimada en torno a los 2,5 metros, anegando bajo ella la isleta que habíamos acondicionado unos meses atrás, al igual que los propios posaderos que se habían instalado en la laguna, que quedaron bajo el agua, la que llegó a salir en algunos lugares de la cubeta de la laguna, para inundar los terrenos de labor circundantes.


Aspecto de la laguna objeto de nuestros trabajos, en abril 2012, con la lámina de agua recuperada al igual que la vegetación natural de su entorno

En las primeras visitas a la laguna y su entorno, se pudo comprobar cómo la vegetación natural del entorno de la laguna, la que había llegado a labrarse en los meses previos, se había recuperado de un modo espectacular, pero las aves no visitaban el lugar, cuyas aguas parecían carecer de vida, sin la presencia de plantas acuáticas ni invertebrados, muchos menos de otros vertebrados. Pero fue suficiente el transcurso de poco más de un mes, para comprobar cómo el lugar comenzó a cambiar de un modo ostensible, apareciendo plantas acuáticas como ranúnculos de agua (Ranunculus peltatus), así como las aves comenzaron a establecerse en el lugar en un número y variedad impensable para nosotros antes: bandadas de ánades reales de más de 50 ejemplares o garcetas comunes fueron las primeras aves que comenzaron a visitar la laguna en busca de alimento en ella.



Un macho de ánade real desplazándose entre los ranúnculos de agua que cubren la superfie de la laguna

Eran precisamente las garcetas comunes (Egretta garzetta), las que se mostraban más activas cazadoras en el interior de la laguna, manteniéndose estáticas en alguno de los posaderos que en el invierno anterior habíamos acondicionado en la laguna, para lanzar un rápido y certero arponado con el pico, sacando con un notable porcentaje de éxito una presa que para sorpresa e incredulidad nuestra nos deba la impresión de que eran ¡¡PECES!! Lo que nos tenía perplejos, al tiempo que sorprendidos, pues este lugar había estado completamente seco unos meses antes y conocido es que los peces en nuestras latitudes no pueden vivir sin agua(4). Por lo que nuestro interés y curiosidad por conocer los animales que cazaban las garcetas aumentaba conforme pasaba los días y nuestra curiosidad no se veía disipada.


Garceta comiéndose lo que a nosotros en un principio nos pareció un pez.





Detalle de la anterior imagen

Fue el posterior examen de algunas de las fotos tomadas a estas garcetas depredando sobre estos animales, lo que a su vez fue confirmado con un miembro de la Asociación Herpetológica Granadina, Eduardo Escoriza, lo que nos aclaró nuestras iniciales duda y todo comenzó a verse más lógico: lo que cazaban las Garcetas eran renacuajos. Pero renacuajos de una especie de anfibio que era desconocida hasta entonces para nosotros, aunque sí se tenía constancia de su presencia en otros saladares y ramblas de la Hoya de Baza, tratándose de renacuajos de sapo de espuelas (Pelobates cultripes), una especie incluidas tanto en el anexo IV de la Directiva Hábitats 92/43/CEE en el "Listado de especies en régimen de protección especial", como en el andaluz (Decr. 23/2012) y en el nacional (Real Decreto 1628/2011),  cuyos renacuajos adquieren un aspecto parecido a un pez, por el gran tamaño que alcanzan y que puede llegar hasta los 15 cms. de longitud, por lo que son los renacuajos más grandes de todos los anuros de la península. Su aspecto y forma, también puede confundirse con un pequeño pez y más cuando el contacto visual no es preciso, como fue nuestro caso.





Algunas de las fotos que nos aclararon que lo que las garcetas comían eran renacuajos de sapo de espuelas.

La presencia del sapo de espuelas, estaba además íntimamente relacionada con las características de ausencia-presencia de agua en la laguna estacional que centraba nuestro estudio, tratándose de la especie de anfibio que mejor soporta este tipo de oscilaciones, de modo que el desarrollo de su metamorfosis (el paso de renacuajo a sapo) es espectacular llegando a tener el renacuajo más longitud que un ejemplar adulto, al tiempo que este sapo está adaptado a vivir en lugares que quedan con una total ausencia de agua, para lo que excava con unas excrecencia córnea de sus talones, que tiene muy desarrolladas en las 2 patas posteriores, las llamadas espuelas, una galería en la que va penetrando de adelante hacia atrás hasta quedar completamente enterrado, pudiendo alcanzar la galería más de un metro de profundidad, permaneciendo en estado latente durante meses, hasta que regrese el agua al lugar y entonces despierta para entregarse a una frenética procreación y perpetuación de la especie en el lugar.

La presencia del sapo de espuelas en los territorios esteparios de la Hoya de Baza, ha sido toda una sorpresa para nosotros, pues es una especie aunque había sido confirmada su presencia en algunos saladares y ramblas estacionales de la Hoya de Baza no la teníamos documentada en estas lagunas esteparias, ni teniamos conocimiento de su previa existencia en toda esta zona.

Una vez identificado que se trataba de este anfibio, el sapo de espuelas, nuestro siguiente reto fue localizar ejemplares vivos, en su medio natural, que pudiéramos fotografiar, confirmando y documentando su presencia, lo que así se hizo el pasado 5 de julio de 2012, fecha a la que corresponden estas imágenes tomadas a distintos ejemplares de renacuajos de sapo de espuelas, en diferentes fases de su metamorfosis y que nos permiten comprobar cómo estos renacuajos tienen un aspecto y características muy distintos a los conocidos en nuestra zona, los llamados popularmente cabezones:


Sapo de espuelas en el comienzo de la metamorfosis con las 2 patas posteriores.


Con la metamorfosis muy avanzada, con la presencia de las 4 patas.



Ejemplar adulto. Imagen tomada en marzo de 2013.

Conectividad(5) ambiental de las lagunas esteparias de la Hoya de Baza con la Cola del Negratín



Hembra de Ánade real con sus polluelos en una de las lagunas estudiadas

Otra de las conclusiones a las que hemos llegado en los trabajos de campo que hemos venido efectuando en los últimos años, es la de que todas estas las aves que visitan o se establecen en estas laguna esteparias, que de forma natural se emplazada en la Hoya de Baza, principalmente en las inmediaciones de la carretera que une Baza con Benamaurel, en las proximidades del Río de Baza, se encuentran íntimamente conectadas con la fauna de aves acuáticas que se han establecido en la Cola del Negratín. Ello ha sido constado en la observación de movimientos migratorios locales de aves, las que en las fechas de explosión biológica de estas lagunas esteparias (normalmente coincidente entre los meses de febrero/marzo hasta mediados o finales de julio, en que desaparece de forma definitiva, la lámina de agua formada unos meses antes, quedando en el lugar un criptohumedal salino) se desplazan desde la zona de su localización a lo largo del año, en la Cola del Negratín, a estas lagunas salinas, utilizando como principal vía de comunicación el valle que forma el Río de Baza en su discurrir por nuestra zona hasta evacuar sus aguas al Negratín, para aprovechar la explosión de vida que se produce en estas lagunas esteparias en la etapa húmeda.


Una fauna muy peculiar adaptada a los periodos de presencia-ausencia de agua

Las propias características de ausencia-presencia de agua en estos humedales salinos, los llamados hidroperiodos del humedal, sus fluctuaciones naturales, ya hemos visto como la aprovechan para adaptarse a ellas y sobrevivir sin problemas anfibios como el sapo de espuelas, lo que es extrapolable a otra fauna de la que nuestros estudios se han centrado en la fauna de vertebrados, habiendo documentado la presencia, en un número excepcionalmente alto, en claras muestras de la riqueza de este ecosistemas, de especies como el galápago leproso (Mauremys leprosa) o culebras de agua como la culebra viperina (Natrix maura), que se desplazan a estos lugares en la búsqueda de presas:




Galápago leproso y culebra viperina en termorregulación, compartiendo un posadero instalado en la laguna

Aunque nuestros estudios no han profundizado hasta ahora en la fauna de invertebrados presentes en este territorio, es de imaginar que en este tipo de fauna también pueden estar presentes en el lugar elementos de alta endimicidad muy interesantes, especializados en la vida en este medio natural y en consecuencia las peculiaridades, tanto en biodiversidad como en productividad, de la fauna que aquí vive, sea muy valiosa. Lo que sí nos consta ya es el elevado número de insectos e invertebrados que hay presentes, lo que se traduce en la presencia en el lugar durante la estación húmeda (desde principios de primavera hasta mediados de verano) de una interesante fauna ornitológica que se desplaza al lugar a la caza de insectos e invertebrados, como se refleja en las siguientes imágenes y que plasman a diferentes especies de aves en la zona de la laguna, a la que han acudido a la caza de los numerosos insectos que se reproducen y desarrollan en la misma:




Ceba de cortejo de un macho adulto de carraca europea a la hembra.

Nos encontramos, por tanto, ante unos humedales que lejos de tener en su estacionalidad un factor limitador, presentan una peculiaridad que los hace únicos dentro de nuestro ecosistema estepario, siendo un remoto vestigio del gran lago interior que existió en toda esta zona hasta el Pleistoceno Superior (entre 100.000 y 15.000 años atrás) cuando este gran lago interior se rompió y dejó el gran valle cerrado que ahora es la Hoya de Baza, en el que se ha desarrollado, a lo largo de los últimos miles de años, un ecosistema muy complejo y vivo, con interacciones naturales entre los distintos seres vivos que lo habitan, con resultados muy peculiares y que bien han merecido nuestra atención y que nos anima a hacerlas públicas ante la constatación de que la recuperación integral de todo este valioso y singular ecosistema lagunar-estepario, es posible con tan solo respetar su dinámica natural.

Resumiendo cuanto comentamos, podemos señalando como no se trata de gestionar ficticiamente nada, tampoco de crear un paisaje y ecosistema artificial, sino de recuperar la dinámica innata de un ecosistema natural muy singular y valioso que ha demostrado gran vitalidad para sobrevivir a los intentos de desecarlo que ha habido en los últimos años para hacer desaparecer este ecosistema, el que ha dado muestras de que su vocación lagunar es tal, que en las ocasiones en que se ha respetado su hidrología han bastado unos meses para recuperar su dinámica natural, su equilibrio natural. Lo que nos pone de manifiesto la posibilidad efectiva de poner en valor estos lugares, su potencialidad, singularidad y valor de estos ecosistemas, por sus valores biológicos, ecológicos, científicos y didácticos, también turísticos, paisajísticos, recreativos, ornitológicos y fotográficos. Para lo que es preciso desarrollar una serie de actuaciones, las que, con unos mínimos costos, pueden tener una altísima rentabilidad para nuestra zona, al tiempo que permita la puesta en valor de estos lugares, contribuyendo de una forma muy activa a la generación de empleo –directo e indirecto- con la puesta en valor de nuestros recursos y valores naturales, ahora latentes.



*Agustín Orduña y José Ángel Rodríguez

son fotógrafos de naturaleza, miembros

de la Asociación PROYECTO SIERRA DE BAZA




(1) Con el nombre de criptohumedal, se conoce el lugar donde la lámina de agua superficial no existe, o presenta una extensión muy reducida y carácter temporal, pero presenta la peculiaridad de que el nivel del agua en el subsuelo siempre queda muy cerca de la superficie, lo que se manifiesta en la presencia de una vegetación muy peculiar y especializada en el aprovechamiento del agua que hay cerca de la superficie terrestre.

(2) Todos estos humedales aparecen dentro del grupo de los llamados hiposalinos, los de más baja salinidad y más vida faunística y botánica. Se utiliza la denominación de hiposalinos, cuando la presencia del cloruro sódico (sal) es entre 3 y 20 gramos de sal por litro de agua. Mesosalinos, entre 20-100 g/l. Hipersalinos, más de 100 g/l.


(3) El galápago leproso (Mauremys leprosa) también llamado tortuga de agua en nuestra zona por sus hábitos acuáticos, una especie incluida en el Atlas y Libro Rojo de Anfibios y Reptiles de España, con la categoría de Vulnerable, y protegido además por la ley de Patrimonio Natural y la Biodiversidad (Ley 42/2007) y la Directiva de Hábitats.


(4) A nivel mundial hay documentados ejemplos de peces pulmonados que pueden sobrevivir en lagos y ríos estacionales que se secan completamente enterrándose en el lodo y permaneciendo latentes durante meses, hasta que se recupera el agua, como ocurre con el llamado Dipnoo africano. Por lo que nuestra primera hipótesis de trabajo fuera que nos pudiéramos encontrar ante una nueva especie de “Dipnoo europeo”


(5) La conectividad ambiental en una red ecológica viene definida por la capacidad de mantener y renovar los flujos ecológicos y genéticos, de un lugar al facilita rlas conexiones naturales entre las diferentes áreas o elementos de una red. Se trata de lugares que aunque puedan estar distantes geográficamente, ecológicamente se encuentran íntimamente relacionados y entre ellos se producen flujos o movimientos migratorios que explotan las potencialidades y recursos de uno y otro lugar a lo largo del año en función de sus disponibilidades estacionales, lo que al mismo tiempo supone un importante intercambio genético entre los invividuos de las distintas especies presentes en uno y otro lugar.



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